Una maestra llega a un pueblo donde nadie la esperaba. Isabel recibe un piso extraño y vacío en la plaza principal. Las fiestas explotan afuera. Hay una puerta que no explican. Hay una anciana que grita durante la procesión.
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Una maestra llega a un pueblo donde nadie la esperaba. Isabel recibe un piso extraño y vacío en la plaza principal. Las fiestas explotan afuera. Hay una puerta que no explican. Hay una anciana que grita durante la procesión. Hay otra maestra, Carmen, observando desde la penumbra. Y está Doña Consuelo, la directora de hierro, asignándole trabajo sin fin. Una historia sobre lo que no se dice en los pueblos pequeños.
Isabel desciende del tren sofocada. En Manuel, un pueblecito de provincias donde vibran las fiestas patronales de la Virgen de la Misericordia, le entregan las llaves de su nuevo hogar. Un piso minúsculo en la plaza mayor. Apenas cabe. Las paredes blancas desmoralizadas. Un lecho estrecho. Una cocina de piedra roja. Una puerta pequeña que nadie aclara qué esconde.
Afuera, la multitud se organiza. Los hombres cargan la Virgen. Los militares vigilan con carrabinas. Los niños portan cirios blancos que se apagan al instante. Y luego, sin previo aviso, una anciana harapienta rompe el orden, gritando descorazonadamente, espantando a todos. Isabel lo presencia desde su ventana. Comprende que no se quedará en Manuel.
Pero hay otros personajes. Carmen es otra maestra, radiante, vanidosa, que regresa de vacaciones disfrutando de ser admirada. Lleva flores en el cabello y perfume Nivea. Cuando encuentra a Isabel en la iglesia, nota algo roto en esa chica pálida. La curiosidad la aguijonea.
Doña Consuelo es la directora. Rigurosa. Sin fisuras. Cuando recibe a Isabel, no hay bienvenida. Solo una lista infinita de tareas. Limpiar. Fregar. Redactar horarios. El colegio debe brillar.
La novela respira en los intersticios entre estas vidas. En lo no dicho. En las historias que los pueblos guardan bajo sus iglesias rosadas. Isabel, sola en su cuarto diminuto, siente que algo está mal. Que hay grietas. Que los pueblos tienen memoria.
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