Un perro excava. Descubre una mano. Luego otra. Y cadáveres enterrados hace años en el jardín de una casa junto al mar. Cuando el empresario francés Pierre Moreau compra una propiedad en Castellón, su mascota desentierra el primer hilo de…
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Un perro excava. Descubre una mano. Luego otra. Y cadáveres enterrados hace años en el jardín de una casa junto al mar. Cuando el empresario francés Pierre Moreau compra una propiedad en Castellón, su mascota desentierra el primer hilo de un caso que se desmorona en infinitas direcciones. El capitán Vázquez y la sargento Torres de la UCO se adentran en un pueblo de silencios donde los secretos son tan profundos que no se pueden enterrar. Una investigación implacable que alterna entre los interrogatorios policiales y el lado más oscuro del crimen.
Febrero de 2002. Madrid y Castellón se convierten en el epicentro de una investigación que desgarrará la certeza de dos agentes acostumbrados a lo peor. El capitán Juan Vázquez de la UCO recibe lo que parece un caso de rutina: cadáveres descubiertos en el jardín de una casa comprada por un empresario francés. Pero nada es simple cuando el perro de Pierre Moreau excava y encuentra huesos humanos. Manos. Cuerpos en descomposición que llevan años bajo tierra, expectantes en la oscuridad.
Vázquez y la sargento Gloria Torres, compañeros de batalla desde hace años, viajan a un pueblo junto al mar donde los vecinos guardan sus silencios como si fueran oro. La casa estuvo abandonada casi una década, la anterior dueña, Cándida Gómez, murió sola sin herederos ni familia que reclame sus secretos. Todo parece apuntar a un misterio sin resolver, a preguntas sin respuesta.
Pero mientras la UCO avanza en su investigación, la novela abre otro mundo. Más oscuro. Más visceral. Más perturbador. Un abuelo llamado Don Tomás que no solo presencia crímenes: los bendice, los santifica con rituales de oración delante del cuerpo. Tres nietos que lo adoran ciegamente y ejecutan sus órdenes sin cuestionarlas jamás. Un ciclo de muerte que se repite sin fin. Cuerpos hundidos en ríos con piedras atadas para que no floten jamás. Un perro Labrador que se acerca a los cadáveres sin miedo, oliendo la muerte con indiferencia.
La trama alterna implacablemente entre los interrogatorios policiales y la crudeza de los perpetradores. Cada capítulo es un golpe. Cada revelación, una herida abierta. Vázquez intenta atar cabos que parecen imposibles: ¿quién está enterrado en ese jardín? ¿Cuándo fueron asesinados? ¿Por qué? ¿Y qué tienen que ver con todo esto un abuelo y sus nietos que actúan como si la ley nunca pudiera alcanzarlos?