La muerte no fue lo único que Ever perdió. Cuando volvió del accidente que casi la mata, regresó con un don devastador: ve auras, escucha mentes, percibe cada verdad que nadie debería conocer.
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La muerte no fue lo único que Ever perdió. Cuando volvió del accidente que casi la mata, regresó con un don devastador: ve auras, escucha mentes, percibe cada verdad que nadie debería conocer. Enterrada bajo capuchas oscuras y auriculares ensordecedores, una adolescente rechazada solo quiere pasar desapercibida. Hasta que llega Damen, un chico nuevo que no tiene aura. Y su refugio de invisibilidad comienza a desmoronarse.
Ever tenía el guion perfecto: popular, hermosa, radiante. Eugene, Oregón era su mundo. Hasta que su padre perdió el control del todoterreno.
En un instante, ella estaba dentro del coche. En el siguiente, flotaba fuera, observando los escombros. Vio a su familia cruzar un puente hacia una luz blanca e imposible. Su perro la seguía, moviendo la cola. Ella se quedó atrás.
No fue una experiencia cercana a la muerte. Fue la muerte misma. Y cuando despertó, todo había cambiado.
Ahora Ever ve auras: esos remolinos de color que cuentan toda la verdad. Rojo para la ira, azul para la melancolía, negro para lo inminente. Escucha mentes sin querer. Captura secretos que destrozan vidas. Es un don que nadie pediría, una maldición disfrazada de superpoder.
Su única estrategia es desaparecer. Sudadera negra, capucha hasta los ojos, auriculares a volumen ensordecedor. Se sienta al fondo del aula, come sola, ignora al mundo. Haven, una gótica desafiante, y Miles, un chico leal, son sus únicos aliados. Juntos conspiran contra todos los demás.
Entonces llega Damen Auguste. Nuevo, hermoso de manera casi sobrenatural. Cuando Ever finalmente se atreve a mirarlo, sucede lo imposible: no hay aura. No hay color. No hay nada.
Por primera vez desde la muerte, Ever se enfrenta a algo que no puede leer. En ese vacío de luz yace el misterio que lo cambiará todo.