Un reino se divide por vanidad. El Rey Lear demanda a sus hijas que demuestren su amor con palabras melosas, dispuesto a repartir su imperio entre quien mejor lo adule.
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Un reino se divide por vanidad. El Rey Lear demanda a sus hijas que demuestren su amor con palabras melosas, dispuesto a repartir su imperio entre quien mejor lo adule. Goneril y Regan hablan con fervor fingido mientras Cordelia, la menor, se niega a participar en la farsa. Ese acto de honestidad desata la ira del monarca, quien la deshereda sin piedad. Pero la verdad tiene su precio: mientras sus dos hijas mayores conspiran, la menor recibe el amor verdadero de quien nadie esperaba.
Una tragedia de poder, ambición y deslealtad en la corte de Bretaña. El Rey Lear, cansado de gobernar, decide repartir su reino entre sus tres hijas según quién lo ame más con sus palabras. Convoca a Goneril, Regan y Cordelia para una ceremonia que determinará sus destinos.
Goneril habla primero. Su adulación es sin límites: ama a su padre más que a la luz, a la libertad, a todas las riquezas del mundo. Lear, deleitado, le otorga vastas tierras y poder. Regan va más lejos, declarando que desdeña los placeres terrenales para vivir solo honrando a su padre. Recibe una herencia igualmente magnífica.
Luego llega Cordelia, la menor. El rey espera sus elogios, pero ella permanece en silencio. Cuando habla, rechaza la farsa: ama a su padre como debe amar una hija, ni más ni menos. La medida del deber, no de la mentira. Lear enloquece de furia. La deshereda sin piedad, la expulsa de su reino, la maldice por su supuesta ingratitud.
El Conde de Kent intenta razonar con el monarca, pero es desterrado por defender la verdad. El Rey de Francia, en cambio, ve en Cordelia la virtud genuina que Lear no puede reconocer. Se la lleva como reina, sin dote, porque su carácter es riqueza suficiente.
Mientras tanto, Goneril y Regan revelan su verdadera naturaleza. En secreto conspiran contra su padre. Saben que es viejo, caprichoso y débil. La donación que acaban de recibir será el escenario perfecto para humillarlo.
En la sombra germina otra traición. Edmundo, hijo bastardo del Conde de Gloucester, mira a su hermano legítimo Edgardo con ambición pura. Usa la naturaleza como justificación para sus crímenes: ¿por qué no merece él lo que su hermano solo porque nació fuera del matrimonio? Con una carta forjada prepara su ascenso, decidido a destronar a quien la sangre y la ley favorecen.
El acto cierra con el reino en caos: un rey despojado de poder, una princesa honesta exiliada, dos herederas asesinas al acecho, y un bastardo que teje traiciones en las sombras. Cada personaje ha mostrado su verdadera cara: la soberbia destroza la sabiduría, la verdad es castigada, y la ambición no reconoce lazos de sangre.