Tras la caída de Troya, Casandra es cautiva en una mansión portuaria convertida en cuartel general griego. La profetisa maldita reflexiona sobre su pasado atormentado, sus visiones que nadie cree, y el amor prohibido que siente por…
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Tras la caída de Troya, Casandra es cautiva en una mansión portuaria convertida en cuartel general griego. La profetisa maldita reflexiona sobre su pasado atormentado, sus visiones que nadie cree, y el amor prohibido que siente por Agamenón. Entre la realidad y la clarividencia, teje un relato de supervivencia, poder y vulnerabilidad que desafía los límites entre víctima y testigo de la historia.
Casandra regresa a la costa de Asia Menor. No como la princesa de Troya que fue, sino como cautiva del conquistador Agamenón. La mansión donde habita —antigua casa de placer ahora cuartel general griego— es un limbo entre mundos: espacio de vencedores y vencidos, de autoridad y servidumbre.
La profetisa reflexiona sobre su extraño poder: el don de ver el futuro que nadie cree. Apolo le concedió la visión y le impuso la maldición de que sus palabras nunca sean creídas. Durante años sus visiones la destrozaron: convulsiones, desmayos, voces incoherentes que asustaban a quienes la amaban. Su propio padre rechazó lo que creía una perturbación mental. El dolor no era solo el de las visiones, sino el de la incomprensión de los que amaba.
Ahora ha aprendido a callar, a ocultarse, a protegerse. Ya no lucha contra los dioses ni sucumbe a los trances de clarividencia. Su silencio es su serenidad, pero también su venganza. Los griegos vienen a pedirle consejo: Diomedes, Odiseo, los héroes que ganaron la guerra. Ella conoce sus destinos, sus miedos, pero calla. Su lengua guardará los secretos que podría revelar.
Pero hay algo que la consume más que sus visiones: el amor imposible por Agamenón. Un sentimiento que la avergüenza, que la vulnera, que la ata al hombre que destruyó su mundo. Este amor palpita como un corazón enloquecido, inevitable como el destino, como la maldición de los dioses.
En los patios de la mansión hay flores que ella plantó. Los almacenes están llenos de provisiones. Ha recreado un hogar mientras sabe que su tiempo es precario. Los objetos del saqueo la rodean: trípodes, lámparas, artefactos de sus amigas de Troya. Ella misma es parte del botín. Pero su corazón se ha endurecido. Ya no llora. Espera un mensaje que podría cambiarlo todo. Espera en el puerto bullicioso, entre mercaderes y soldados destrozados, hombres que ganaron la guerra pero ignoran qué encontrarán cuando regresen a casa.
Esta es la historia de una mujer que conoce el futuro pero vive en la incertidumbre. Una historia de profecía silenciada, amor atormentado y supervivencia en los márgenes de la historia.
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