Un viaje épico a través del desierto. Don Diego de Montemayor encabeza una caravana que abandona Saltillo persiguiendo el legendario Valle de Extremadura, donde fluyen las aguas más abundantes del reino.
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Un viaje épico a través del desierto. Don Diego de Montemayor encabeza una caravana que abandona Saltillo persiguiendo el legendario Valle de Extremadura, donde fluyen las aguas más abundantes del reino. Familias españolas, guerreros indígenas, ganados y sueños viajan juntos a través de montañas, peligros y apariciones sobrenaturales. Una novela que teje lo histórico con lo mitológico, donde cada piedra y cada gota de lluvia guarda los secretos ancestrales de la fundación.
El Saltillo queda atrás. La lluvia golpea techos de ceniza mientras don Diego de Montemayor, capitán de espaldas cicatrizadas y voluntad de acero, cierra los ojos ante familias que esperan su palabra: su hija Estefanía, sus nietos Miguel y Diego. Llega el Abuelo Viento trayendo historias del Valle de Extremadura. Donde corren los Ojos de Agua de Santa Lucía, manantiales de abundancia sin precedentes. No es solo tierra fértil lo que arrastra a Diego: es promesa de futuro, la certeza de que sus generaciones beberán de esas aguas sagradas. Se forma una caravana monumental. Doce familias españolas, veinte caciques indígenas con sus pueblos, sirvientes y esclavos, ganados sin cuenta: miles de vidas convergentes en un único anhelo. Las carretas crujen bajo peso de granos, herramientas, esperanzas. Caballos y mules pisan polvo y piedra. Cada paso es batalla contra geografía que rechaza. El camino no cede. Montañas dentadas rasguñan el cielo; barrancos abren fauces abisales. Las noches son frías, tupidas de presencias sobrenaturales: ángeles bajo camas, demonios en vigas. Lo natural y mitológico se trenzan sin tregua. Aparecen indígenas disparando flechas, lluvia que cae como castigo y bendición, el Cerro de la Silla coronado monarca de piedra que sangra y protege. Cuando el Valle por fin se revela ante sus ojos, la prosa estalla en color y luz: coronas de lluvia, destellos de violeta, añil, azul. El Monarca de montaña inclina su larga cabeza sobre la caravana diminuta. Es gracia absoluta, llegada transfiguradora, transformación irrevocable. Épica moderna donde la colonización española se entreteje con voces indígenas, con lo sagrado y lo monstruoso, con la belleza brutal del paisaje americano.